Segundas partes (en ocasiones) fueron buenas

Los Testamentos, de Margaret Atwood

Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino

Ediciones Salamandra

512 páginas



Hace ya más de dos años que me leí El Cuento de la Criada para un club de lectura. La famosa distopía de Margaret Atwood no me dejó indiferente, como supongo que a nadie que la haya leído, aunque debo confesar que me daba un poco de pereza esta segunda parte que es Los Testamentos, publicada recientemente y escrita treinta años después del ya mencionado hit de la autora.


Hice el ejercicio de empezar el nuevo libro sin buscar ningún resumen del anterior; aunque algunas de las ideas no se habían borrado de mi mente con el paso del tiempo, los detalles sí que se me habían escurrido, como suele pasar.


Para mi sorpresa, me metí de lleno en el libro desde el primer instante, y en ningún momento sentí que me perdía detalles por no recordar la "primera parte"; es más, Los Testamentos se puede considerar una novela independiente, se puede leer perfectamente sin siquiera saber de la existencia del Cuento de la Criada. Atwood nos vuelve a contar la historia y el funcionamiento del régimen de Gilead con maestría, introduciéndonos de nuevo a los distintos segmentos de dicha sociedad.


Debo confesar, a pesar de que las comparaciones son odiosas y a pesar también de mis reservas iniciales, que Los Testamentos me ha terminado gustando más que el Cuento de la Criada. En esta novela contamos con tres personajes protagonistas, que viven la situación desde puntos de vista muy distintos: una chica que ha nacido en una familia "bien" de Gilead, otra que ha vivido siempre en Canadá, justo pasada la frontera de la dictadura y seguramente la más inquietante y cautivadora de todas: una de las fundadoras del régimen.


Con esta triple perspectiva la autora consigue un ritmo dinámico y fluido, que me ha hecho pasar las páginas sin darme cuenta. A través de las tres protagonistas (todas mujeres en un escenario en el que las mujeres no tienen nada propio, prácticamente ni voz), recorremos desde el inicio de Gilead hasta las tramas para conseguir su caída.


La única pega que puedo encontrarle a este libro es que hasta prácticamente la mitad es introducción, parte en la cual la autora consigue el ambiente deseado. No me quejo de eso, que para mi es maravilloso, sino de que después de una intro tan detallada, los conflictos en el nudo de la historia se resuelven de forma rápida y quizás poco convincente, y el desenlace me supo a poco.


Dicho esto, os recomiendo que hagáis vuestra propia lectura del libro. Si os gustó El Cuento de la Criada este os encantará, y si no os acabó de convencer el primero, dadle una oportunidad a Los Testamentos, ¡creo que no os arrepentiréis!