El British summer de los Cazalet

Los años ligeros, crónicas de los Cazalet, de Elizabeth Jane Howard

Traducción de Celia Montolío

Siruela Nuevos Tiempos

431 páginas


Té de media tarde, casa de veraneo y enredos familiares. La saga familiar de los Cazalet, a la que dio vida la escritora inglesa Elizabeth Jane Howard, empieza con este libro de presentación en el que, básicamente, nos introduce a los personajes y nos sitúa en el centro de esta estirpe familiar de la Inglaterra de entre guerras.


Los años ligeros (a falta de leer los otros cuatro volúmenes de la saga) es sobre todo una novela de personajes en la que lo más importante son los pensamientos y las experiencias de cada uno de los miembros de esta familia que, por supuesto, ve y vive su particular realidad de los hechos. Y en este punto no quiero dejar de agradecer que la editorial haya tenido a bien ponernos un pequeño árbol genealógico, además de un listado de personajes en el que se contemplan también cocineras, chóferes e institutrices. De otro modo, creo que la lectura, al menos en mi caso, se habría convertido en un lío considerable. Polly, Sybyl, Sid, Edward, Will, Clary, Nanny, etc.


Este libro es algo entre Downton Abbey y Los Durrell. Una buena lectura de verano para viajar a otra época, enamorarse de algunos de los protagonistas y aborrecer a otros. Un libro sencillo, sí, pero en ningún momento he conseguido engancharme a la historia o sentir demasiada curiosidad por qué pasará después. Cuando lo leo me gusta, pero no me paso el día pensando en leerlo. No sé si me explico.


A pesar de eso, hay ciertas cosas que me han gustado y hasta sorprendido. El punto fuerte de la novela, a mi parecer, son los detalles y el costumbrismo. Me encanta leer en qué consiste el desayuno, el ritual de la Duquesita al despertarse, cómo se toman el té y hasta qué cremas se van untando en el tocador.


Asimismo, el protagonismo de los niños, cuyos juegos son tomados en el libro tan en serio como cualquier escarceo de los mayores, es un punto a favor de la novela, pues la autora se va metiendo en cada una de las mentes de los personajes con toda naturalidad y sin que quede artificial, algo que tiene mérito teniendo en cuenta la diversidad de los protagonistas en una novela que no puede ser más plural.


En cuanto a la trama, la historia de desarrolla en los veranos de 1937 y 1938, cuando la familia al completo (y hasta algunos amigos de los amigos de los amigos) se instala, como es tradición, en Sussex para pasar todos juntos los meses de verano mientras unos montan a caballo, otros juegan al tenis y otros se pasan el día en la playa. Como en cualquier buena saga que se precie, en esta tampoco faltan los sueños frustrados, los secretos, las tías solteras que hacen crochet y las hostilidades con el típico cuñado que no te cae bien pero que al que no te queda otra que aguantar.


Y, por si fuera poco, el fantasma de la segunda Guerra Mundial y el bigotillo de Hitler van planeando sobre las cabezas de una paz a punto de ser truncada por la peor de las guerras posibles.


Los años ligeros ha sido una lectura calmada, como de mes de agosto, que te deja un regusto de falsa nostalgia pues, aunque aparentemente nos habla de vidas tranquilas, apenas se huele la felicidad. Pero no. Al terminarlo no me han entrado ganas de correr hasta una librería a hacerme con la segunda parte, aunque si cayera en mis manos quizás lo leería.


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